"Nunca mido mis papeles por la cantidad de minutos, sino por su complicación psicológica", así piensa Seymour Hoffman, quien es un ejemplo de superación por dejar su adicción a las drogas y luego comenzar una carrera en la televisión para después llegar a la pantalla grande y ser reconocido con un Óscar a Mejor Actor por su actuación en “Capote” (Bennet Miller, 2005).
Philip Seymour Hoffman nació en Nueva York el 23 de julio de 1967. Hijo de Gordon, un ejecutivo de religión protestante, y de Marilyn, una juez de primera instancia.
Cuando Seymour tenía nueve años, sus padres se divorciaron, cosa que lo condujo a quedarse al lado de su madre, quien incentivó su vocación artística.
Su primer acercamiento con la interpretación fue en 1982 como Radar O’Riley en la producción de “Mash”, mientras cursaba sus estudios en la secundaria Fairprot High School.
Dos años después asistió a la escuela de teatro de la New York State Summer School of Arts, y luego comenzó un curso de actuación de verano para seguir con su entrenamiento actoral con el profesor Alan Langson.
Para 1989 recibió su título en actuación por la Tisch School of Arts en la Universidad de Nueva York, donde fue uno de los miembros fundadores de la compañía teatral “Bullstoi Ensemble” al lado del actor Steven Schub y del director Bennett Miller.
No obstante, el mundo y el ambiente en el que estudió no le favoreció, y es que poco después de graduarse ingresó a rehabilitación por su adicción a las drogas.
“Tenía 22 años y me daba miedo la vida”, explicó el actor, quien desde entonces ni siquiera prueba el alcohol.
Cuando Hoffman se recuperó tuvo que ganarse la vida trabajando como camarero mientras se presentaba a numerosos “castings”.
Poco después su esfuerzo le valió su primer debut en la célebre serie “La Ley y Orden” (“Law & Orden”, Dick Wolf); fue a partir de este momento que alternó sus interpretaciones en el teatro con trabajos pequeños de cine, los cuales mejoraban día con día.
Uno de los momentos más cruciales en la carrera de Philip fue su encuentro con el director Paul Thomas Anderson, quien le dio un breve papel en “Sydney” (1996), su ópera prima, y al quedar tan satisfecho con el trabajo de Seymour, le dio un personaje más extenso para “Boogie Nights: Juegos de Placer” (“Boogie Nights”, 1997).
Pero Thomas Anderson no se conformó con lo anterior, por lo que también lo incluyó en “Embriagando Amor” (“Punch, Drunk, Love”, 2002) y en “Magnolia” (1999), logrando así que Hoffman participara en todos sus filmes.
Lento, pero seguro, Philip abrió su propio camino con caracterizaciones en “Perfume de Mujer” (“Scent of a Woman”, Martin Brest, 1992), “Casi Famosos” (“Almost Famous”, Cameron Crowe, 2000), “Regreso a Cold Mountain” (“Cold Mountain”, 2003), entre otras.
Por otro lado, su gran trabajo como técnico de sonido, llamó la atención de los hermanos Ethan y Joel Coen, quienes le transformaron en matón en “El Gran Lebowski” (“The Big Lebowski”, 1998), y consolidó una muy buena reputación en los escenarios con obras como “In Arabia We'd All Be Kings”.
También participó en “Patch Adams” (Tom Shadyac, 1998) “Dragón Rojo” (“Red Dragon”, Brett Ratner, 2002) y fue hasta 2005 que obtuvo un Óscar a Mejor Actor por personificar a Truman Capote.
Por si fuera poco, también obtuvo un reconocimiento por su labor como director de teatro al ser nominado a los premios Tony por su trabajo en dos obras de Broadway: “True West” (2000) y “Long Day’s Journey Into Night”, (2003).
“Misión Imposible III” (“Mission: Impossible III”, J. J. Abrams, 2006), “Moneyball” (“El Juego de la Fortuna, Bennet Miller, 2011) son algunas de sus últimas cintas, y para 2013 lo veremos de nuevo en la pantalla grande en “Los Juegos del Hambre: En Llamas” (“The Hunger Games: Catching Fire”), como Plutarch Heavensbee.
Twitter: @anadanni
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